Sola, el tiempo no existía... Se sentía extrañamente feliz aquellos días. Decidió cerrar las persianas y corrió las cortinas quedando la habitación en penumbra. Fue a buscar una vela que encendió despacio, recreándose en la llama del pequeño fuego, mirándola… el fuego es tan sensual...
Un disco de jazz suave... un vinilo antiguo, de sonido vivo.
Cerró los ojos y sintió plenamente la música, una suave y grave voz de mujer acariciaba sus oídos, se sentía como un animal meloso en busca de la caricia de su dueño. Pero su dueño no estaba. Una suave excitación subió por su cuerpo al recordarlo.
Como un gato que pasa el lomo erguido por el quicio de las puertas buscando el tacto de su amo... así, ella, necesitaba el calor de las manos de su amante...
Cerró los ojos y comenzó a bailar, despojándose de la ropa, poco a poco, lentamente, disfrutando del momento. Podía verlo. Lo hacía para él. Estaba frente a ella, observándola fijamente con aquellos ojos miopes y dulces. No hablaba...
Cayó de rodillas. Comenzó a acariciarse, transformando sus suaves manos en las manos de él. Un gemido de placer salió de su boca. Si....podía verlo....cómo lo echaba de menos... Introdujo dos dedos en su boca, lamiéndolos tan sensualmente que se excitó sin remisión. La boca era una de las partes del cuerpo que más disfrutaba, que más le gustaban. Suavemente, se imaginó que aquellos dedos se convertían en su magnífica verga y la saliva en la humedad de su sexo... Siguió imaginando, empezó a tocar un seno apretándolo cada vez más fuerte, justo hasta ese punto donde se confunden las sensaciones. Justo ahí, sí... pronunció su nombre... recordaba como le gustaba a él tocar su pecho, como lo veía disfrutar...
Echó hacia atrás su cabeza. A través de sus ojos cerrados contemplaba aquellos dos amantes revolcándose como animales en celo... Aumentando su excitación, llevó su mano a su húmedo coñito rozándolo apenas... mojándola por completo y siguiendo un extraño rito antiguo, animal, propio de un mamífero que se deja guiar por el rastro del olor, llevó los dedos a su nariz, aspirando aquel aroma extraño pero a la vez cercano porque era suyo... a ella le pareció que estaba oliendo a su amante, era tan sólo una hembra que busca aparearse siguiendo las órdenes de la naturaleza.
Sin duda, él estaba allí, con ella... Se transformó en su propio amante, como un Mr. Hyde que llevara dentro la esencia de él... Y él le ordenaba, le exigía que se acariciara, ella lo hacía dócilmente, en aquel momento cualquier cosa que le pidiese habría sido satisfecha... Sólo para ti... Sólo para ti...
Entrecortados gemidos, su respiración se aceleraba cada vez más. Deseaba tanto estar entre sus brazos. Sus pechos erguidos, el pezón erecto que apretaba entre sus dedos, le
recordaban tanto a él cuando los mordía, bajó su mano lentamente, sobre su piel tensa, brillante de sudor, paseó por su ombligo, se paró frente a su excitado coño... con su mano izquierda, separó los húmedos labios, dejando al descubierto el secreto de su placer, sintió algo fantástico, ella se acariciaba... sabía dónde y como, cuándo y cuánto...
Sus dedos suavemente empezaron a moverse, rítmica, dulcemente...su respiración acompasada al movimiento comenzó a ser ruidosa, el placer iba aumentando a la vez que sus dedos la acariciaban más y más deprisa. Deseó ser penetrada por la polla de su amante, introdujo sus dedos dentro de su caliente, derretido coño y apenas los notó. Obediente, seguía sus imaginarias pautas. Sus piernas se cerraron con un quejido bronco, casi doloroso, y deseó ardientemente aquel regalo de su dios pagano, el falo de su hombre. El aire se volvió denso, áspero, respiraba con dificultad y sus jadeos roncos de deseo intensificaban la velocidad con que movía su mano... no era suficiente y lo deseó tanto que buscó algo que supliera esa verga en su interior...
Alargó su mano hacia la mesita de noche, encontró un juguete, su juguete que la esperaba, como otras veces... abrió sus piernas... levantó apenas sus caderas en un movimiento cadencioso, tan sensual... y lo introdujo en su expectante coño lanzando un suspiro de placer intenso. Volvió al ritmo que su cuerpo le exigía y repitió, una vez más, su nombre...
Sí, él estaba allí. Dentro de su cuerpo, en sus manos, sus dedos y su piel, en una entrega absoluta, y en medio de un largo gemido, dedicó su placer por entero al inspirador de sus fantasías, de aquellos ensueños repletos de sensaciones que la asaltaban en su intimidad...
Como esos pedazos de vida que ambos compartían, juegos privados irresistibles y fascinantes... horas secretas que ambos deseaban con igual intensidad, mezcla de morbo, sensualidad y descubrimientos, como dos adolescentes recién llegados al mundo adulto, libres y prisioneros del mutuo deseo inagotable.
Cerró los ojos y le brindó ese instante, agradeciéndole en silencio todos aquellos momentos a su amante, al instigador de su deseo...
Gracias, una vez más a Inés Perada por su desinteresada colaboración.
Buen relato, pero te recomiendo que no abuses de las imágenes que aprtan pocas sensaciones. saludos
Muchas gracias.
Este consejo se lo reenvío a todos los directores de cine, con tu permiso.
Si un relato erótico sólo nos aportara sensaciones sería pegajoso
Saludos.